Entrevista de Agronegocios Sarandí con el Dr. Alejo Menchaca, responsable de la Plataforma de Investigación en Salud Animal.
El Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria (INIA) avanza en el desarrollo de una tecnología de edición génica que podría convertirse, en el mediano a largo plazo, en la primera herramienta capaz de erradicar de forma definitiva a la mosca de la bichera y a la garrapata.
Así lo explicó el Dr. Alejo Menchaca, responsable de la Plataforma de Investigación en Salud Animal de INIA, en diálogo con Agronegocios Sarandí, donde repasó el estado de los distintos proyectos en curso y el rol creciente de Uruguay como exportador de tecnología ganadera.
Tres ejes de trabajo
Menchaca describió la actividad de la plataforma en torno a tres grandes ejes: la incorporación de tecnologías de vanguardia que hasta hace pocos años ni siquiera existían, su aplicación a problemas históricos de la ganadería —como la garrapata o la mosca de la bichera— y la posibilidad de exportar esas tecnologías desarrolladas en Uruguay hacia otras regiones del mundo.
El investigador también valoró su participación reciente en la asamblea anual de la Organización Mundial de Sanidad Animal (OMSA), que reúne a delegados de más de 180 países y define las normas y recomendaciones sanitarias que condicionan el acceso a los mercados internacionales. Según remarcó, estar presente en ese ámbito permite además generar reuniones bilaterales con países de interés comercial.

Qué es la edición génica y cómo funcionaría contra la bichera
Menchaca explicó en términos sencillos el funcionamiento de esta tecnología, basada en el sistema CRISPR —cuyas desarrolladoras, Emmanuelle Charpentier y Jennifer Doudna, ganaron el Premio Nobel de Química 2020—, que permite modificar puntualmente el genoma de una especie.
En el caso de una plaga como la mosca de la bichera, la técnica permitiría generar una característica genética que provoca la muerte de las hembras, mientras los machos portadores sobreviven y transmiten esa característica en cada cruza. Dado que una hembra pone alrededor de 4.000 huevos, el mecanismo se multiplica generación tras generación hasta que la población pierde su capacidad reproductiva y la especie termina desapareciendo del territorio.
Según el investigador, esta tecnología no existe hoy en el mundo aplicada a la mosca de la bichera —sí se probó en mosquitos—, y el equipo de INIA ya logró pasar de la pregunta sobre si era posible desarrollarla a la certeza de que es factible, aunque restan varios años de trabajo para completarla. El objetivo es aplicar luego el mismo enfoque al control de la garrapata, con una fase de desarrollo ya iniciada.

La sanción de China a Frigorífico Tacuarembó en el trasfondo
Consultado sobre la reciente suspensión que China aplicó al Frigorífico Tacuarembó por residuos de un medicamento veterinario, Menchaca calificó la situación como parte de un “círculo vicioso” que se viene profundizando en los últimos 20 años, marcado por una multirresistencia creciente de la garrapata a los químicos disponibles, mientras los países compradores de carne y leche exigen niveles de tolerancia cada vez más bajos en materia de residuos. Según su lectura, ese proceso hace difícil pensar que la situación mejore de forma sustancial si no se desarrollan herramientas distintas a las actuales.
El investigador remarcó que el problema no tiene solución en la tecnología disponible en los países desarrollados, ya que la garrapata dejó de ser un problema relevante para Europa o Estados Unidos hace mucho tiempo. Por eso, sostuvo, Uruguay y los países del sur global deben invertir en desarrollar sus propias soluciones, en lugar de depender de tecnología importada que no está pensada para estos problemas.

Hay más de 30 candidatos vacunales en el mundo y uno de ellos en INIA
Sobre la posibilidad de una vacuna contra la garrapata, Menchaca comentó que existen al menos 33 intentos de desarrollo de candidatos vacunales a nivel mundial —entre ellos el desarrollado por el Instituto Pasteur—, y que INIA tiene su propio candidato en evaluación desde hace más de un año, ya en fase de ensayos con animales.
En paralelo, el instituto profundiza el estudio de hongos entomopatógenos que afectan a la garrapata, para comprender mejor su eficacia real y los factores ambientales que la condicionan.
Según el investigador, ninguna de estas herramientas por sí sola resolvería el problema de forma definitiva; la solución radical solo llegaría con una tecnología como la edición génica, capaz de eliminar la especie del territorio.
Mientras tanto, remarcó, la combinación racional e integrada de vacunas, hongos y manejo sanitario puede ayudar a mitigar la situación en los próximos años.

Vínculo con la Fundación Gates y el trabajo en África
Menchaca destacó que Uruguay pasó de importar tecnología de Estados Unidos, Europa, Australia o Nueva Zelanda a comenzar a exportar sus propios desarrollos. En ese marco, la Fundación Bill y Melinda Gates —que en el pasado había sido crítica de la producción cárnica mundial— se interesó puntualmente en el trabajo de la Plataforma de Salud Animal de INIA, tras una visita de una delegación de la fundación a Uruguay, gestionada originalmente por el entonces ministro Fernando Mattos.
Según relató, lo que comenzó como un gesto político se transformó en un vínculo de cooperación técnica: la delegación quedó sorprendida por el estatus sanitario uruguayo, que hoy permite el acceso a más de 100 mercados de carne. Ese estatus se apoya en la condición de país libre de fiebre aftosa con vacunación, el bajo riesgo de encefalopatía espongiforme bovina, la baja prevalencia de brucelosis y tuberculosis, y 20 años de trazabilidad del 100% del rodeo nacional —Uruguay fue el primer país en alcanzar ese nivel—.

A partir de ese vínculo, INIA comenzó a asesorar a gobiernos de países africanos —mencionó específicamente a Kenia, Etiopía y Nigeria, que en conjunto reúnen más de 150 millones de cabezas de ganado bovino— en sistemas de ganadería pastoril, transhumante y con escasa infraestructura.
Según explicó, estos países enfrentan desafíos sanitarios similares a los históricos de Uruguay —fiebre aftosa endémica, garrapata y enfermedades asociadas—, además de bajísimos niveles de productividad: animales que llegan a faena con 6 o 7 años y apenas 120 a 130 kilos de carcasa.
Un modelo de institucionalidad agropecuaria también exportable
Menchaca remarcó que lo que Uruguay tiene para ofrecer no se limita a la tecnología, sino también al propio modelo institucional del sector agropecuario, en particular la participación activa del sector privado en la toma de decisiones junto al Estado, algo que consideró un diferencial frente a otros países donde esa articulación no existe o resulta insuficiente.
Según el investigador, este tipo de cooperación internacional también genera un beneficio directo para Uruguay, al posicionar al país no solo como exportador de carne, leche y lana, sino también como generador de tecnología y conocimiento, lo que a su vez agrega valor y reconocimiento a sus productos tradicionales.

Rumbo a una Plataforma 2.0
De cara al futuro, Menchaca adelantó que la plataforma de INIA busca ampliar su alcance hacia el desarrollo de capacidades propias de investigación en vacunas a nivel experimental, un terreno donde hoy Uruguay cuenta con pocos laboratorios farmacéuticos de producción, pero escasa infraestructura para investigación y desarrollo.
El objetivo es mejorar las condiciones para realizar ensayos con animales que permitan evaluar fármacos y candidatos vacunales —para garrapata, tristeza parasitaria y neosporosis, entre otras enfermedades—, además de profundizar el trabajo en materia de inocuidad alimentaria y residuos, en línea con el enfoque de Una Salud, que atraviesa toda la proyección de la plataforma.







