El gerente de Sostenibilidad de INAC, Gianni Motta, destacó la mejora de la eficiencia de la ganadería uruguaya, con animales más jóvenes y pesados, el crecimiento de los corrales y mejores indicadores reproductivos. Y advirtió que las decisiones sobre promotores de crecimiento deben contemplar las exigencias de los mercados.

La producción de carne de Uruguay aumentó 50% en los últimos 20 años, en un proceso que combinó una mayor eficiencia de los sistemas pastoriles con la expansión de los corrales de engorde y la producción de animales más jóvenes y pesados.

El gerente de Sostenibilidad del Instituto Nacional de Carnes (INAC), Gianni Motta, destacó que uno de los datos más relevantes surge al separar la evolución de los animales producidos a corral de aquellos que permanecen en sistemas pastoriles.

En los últimos 10 años, la ganancia media diaria de los animales de corral aumentó alrededor de 3%, mientras que en los sistemas a pasto el incremento fue de 10%.

Motta explicó que la diferencia debe analizarse considerando el punto de partida de ambos sistemas. El corral tiene procesos mucho más estandarizados y se encuentra más cerca de sus límites productivos, mientras que la producción pastoril conserva un margen importante para continuar mejorando.

El dato cobra mayor relevancia porque la mayoría del ganado uruguayo continúa produciéndose a pasto. En ese sentido, Motta consideró que allí existe uno de los grandes dinamizadores para seguir aumentando la producción de carne.

Más cría, procreo y animales jóvenes

Otro de los cambios destacados es la transformación en la composición y eficiencia del rodeo. El objetivo, señaló Motta, debería ser avanzar hacia un stock con mayor participación de vientres, mejores índices de procreo y una producción capaz de llevar animales cada vez más jóvenes y pesados a faena.

“El mejor modelo productivo es tener un stock más criador con animales más jóvenes”, sostuvo.

El desafío no necesariamente pasa por determinar de antemano cuál debe ser el tamaño del rodeo, sino por mejorar su composición y productividad. Una mayor cantidad de hembras, acompañada por mejores índices de destete, permite acelerar posteriormente el proceso productivo y mejorar la extracción.

En ese escenario, Motta destacó la recuperación de los indicadores reproductivos. Durante la sequía que afectó al país, los porcentajes de preñez se mantuvieron inicialmente en el entorno de 75% y 76%, y recién se deterioraron cuando el déficit hídrico se prolongó. Con el regreso de las lluvias, los registros volvieron a ubicarse en 80% y 82%.

“El mejor modelo productivo es tener un stock más criador con animales más jóvenes”, sostuvo Motta.

La interrogante, planteó, es determinar cuánto de esa recuperación responde a una situación coyuntural y cuánto representa un cambio más permanente. Allí consideró relevante el papel de las políticas públicas para consolidar esos resultados.

Como referencia internacional mencionó a Estados Unidos y otros países con fuerte participación de los sistemas intensivos, donde se combinan altos indicadores reproductivos con una elevada eficiencia en la producción de machos. En Estados Unidos, ejemplificó, pueden producirse animales de entre 18 y 20 meses con pesos del entorno de 600 kilos.

Sin embargo, marcó diferencias entre aquel sistema y el uruguayo, particularmente por la decisión de Uruguay de no utilizar hormonas ni promotores de crecimiento, vinculada a las garantías que demandan determinados mercados.

Los corrales pasaron de 200.000 a unas 450.000 cabezas

La expansión de los corrales de engorde también está modificando la dinámica de la ganadería. Según los datos manejados por Motta, el sistema pasó de aproximadamente 200.000 cabezas a unas 450.000.

Ese crecimiento aumentó la demanda de terneros y amplió progresivamente el radio de compra de los feedlots, concentrados principalmente en el litoral.

Inicialmente los corrales se abastecían de las zonas más cercanas, pero con el aumento de su capacidad comenzaron a buscar animales a mayores distancias. Esto permitió que productores de otras regiones, incluido el este de Uruguay, comenzaran a recibir la demanda de los sistemas de engorde del litoral.

Para Motta, ese proceso genera efectos que trascienden al propio corral: amplía las posibilidades comerciales de los criadores y genera mayor movimiento de ganado, transporte y actividad económica.

“El campo natural bien gestionado tiene muchísimo potencial todavía”, resumió el gerente de Sustentabilidad de INAC.

Al mismo tiempo, consideró que el crecimiento de los sistemas intensivos no implica que se haya agotado el potencial de la producción pastoril. En la jornada se manejaron datos que muestran márgenes importantes para elevar la productividad del campo natural a través de una mejor gestión.

Motta señaló que en sus análisis técnicos se había estimado, de manera conservadora, un potencial de mejora del orden de 25%. También mencionó experiencias presentadas durante la actividad de INAC en la reciente Expo Rural del Prado en las que la producción pasó de 90 a 200 kilos mediante un manejo más eficiente del campo natural.

“El campo natural bien gestionado tiene muchísimo potencial todavía”, resumió.

Retención pese a los altos precios

Motta también destacó como una señal relevante que, en un escenario de precios históricamente elevados, los productores uruguayos estén reteniendo vientres en lugar de acelerar su liquidación.

Puso como ejemplo la decisión de conservar una vaca que podría comercializarse por más de U$S 1.000 para incorporarla nuevamente al rodeo, preñarla y producir un ternero.

A su juicio, detrás de esa decisión existe una apuesta productiva que debería ser acompañada por políticas públicas e instrumentos que incentiven a los productores a fortalecer la cría.

El escenario contrasta con lo que sucede en Estados Unidos, donde el stock ganadero se encuentra en niveles históricamente bajos y enfrenta dificultades para recomponerse después de una sucesión de períodos de sequía.

El desafío de capturar más valor en Europa

En materia comercial, Motta señaló que Argentina conserva una ventaja histórica en el reconocimiento de su carne en Europa. Esa trayectoria permite que el producto argentino obtenga una valorización asociada a una marca país construida durante décadas.

Uruguay, en cambio, busca profundizar su posicionamiento a partir de atributos vinculados con la sostenibilidad y las características particulares de su sistema productivo.

En ese marco, INAC viene desarrollando en Europa la campaña Made in Nature, con el objetivo de aumentar el reconocimiento de Uruguay entre los consumidores y trasladar esa diferenciación al valor recibido por la carne.

Promotores de crecimiento: primero hay que mirar los mercados

Consultado sobre las propuestas para habilitar el uso de hormonas y promotores de crecimiento en la ganadería uruguaya, Motta sostuvo que cualquier análisis debe partir de las exigencias de los mercados compradores.

Reconoció que existen argumentos económicos a favor de esas tecnologías. Según indicó, la utilización de promotores puede mejorar alrededor de 20% la eficiencia de conversión, lo que representa un incentivo relevante para determinados eslabones de la cadena.

“Hay mercados que nos compran porque somos libres de hormonas, libres de promotores de crecimiento”, afirmó el gerente de Sostenibilidad de INAC.

Sin embargo, advirtió que INAC debe contemplar el funcionamiento de toda la cadena cárnica y no solamente la ecuación económica de un sistema productivo.

“Hay mercados que nos compran porque somos libres de hormonas, libres de promotores de crecimiento”, afirmó.

Para Motta, ese atributo no solamente permite cumplir determinadas condiciones de acceso, sino que forma parte de las razones por las cuales algunos compradores eligen la carne uruguaya.

Por eso, consideró que la discusión sobre eventuales cambios en el sistema productivo debe incorporar no solo las mejoras de eficiencia que podrían obtenerse, sino también el impacto que tendrían sobre el posicionamiento y el acceso de Uruguay a sus mercados de exportación.

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