Nunca hubo tanta información ni tantas herramientas en la ganadería nacional. El desafío ya no es la incertidumbre, es cómo decidimos producir frente a ella.

Por José Manuel Mesa Cacheiro

Se habla mucho de incertidumbre en la ganadería.
Clima incierto. Mercados inciertos. Precios inciertos.

La palabra aparece cada vez que algo no termina de salir como se esperaba.
Y se repite tanto que termina explicándolo todo. O justificándolo todo.

Pero vale la pena frenar un segundo y hacerse una pregunta incómoda:
¿realmente el problema es la incertidumbre?

Porque, en el fondo, la incertidumbre no es una anomalía.
Es la condición natural de cualquier actividad

Incertidumbre tiene un futbolista que entra a la cancha sin saber si gana o pierde. Y aun así juega.
Incertidumbre tiene un cirujano que, por mejor que haga las cosas, sabe que el resultado no está 100% garantizado. Y aun así opera.

Incertidumbre es, en definitiva, sinónimo de vivir.
Nada relevante se desarrolla con certidumbre absoluta.

Entonces, ¿por qué en ganadería aparece como si fuera el problema central?

Hoy la ganadería tiene más información que nunca.
Se mide más, se registra más, se compara más.
Hay mejores herramientas de gestión, avances en genética, sanidad, manejo del pasto y análisis económico.

El punto ya no es la falta de información. El punto es cómo la estamos usando

Porque cuando miramos el contexto, y especialmente en Uruguay, aparecen señales bastante claras:

-El mundo demanda más proteína
-Los precios externos se han sostenido en niveles altos
-La oferta global de carne es limitada
-Los sistemas productivos tienen más herramientas que nunca para responder.

Y puertas adentro, los datos también muestran avances:

-Más producción de terneros
-Mejores pesos de faena
-Sistemas más intensivos
-Mayor uso de corrales de engorde
-Mejores resultados económicos

No es un sistema estancado.
Es un sistema que viene evolucionando.

Entonces quizás estamos mezclando dos cosas distintas:
variabilidad e incertidumbre total.
La variabilidad siempre existió.

El clima cambia. Los precios se mueven. Los sistemas biológicos responden distinto.
Pero eso no es lo mismo que no entender lo que pasa

De hecho, cada vez entendemos más.
Muchos comportamientos se pueden medir, anticipar en rangos y gestionar.
Y hay un punto clave en esa confusión-
Cuando hablamos de “incertidumbre”, muchas veces instalamos la idea de que todo depende de factores externos.
Como si el resultado estuviera fuera del control del productor.
Pero la ganadería actual está lejos de ser un sistema librado al azar.

La ganadería antigua sí convivía con una incertidumbre mucho más profunda:
baja inversión, poco control y resultados altamente dependientes de la naturaleza.

La ganadería moderna es otra cosa.
Se parece cada vez más a un sistema productivo estructurado:
insumos + procesos = producto.
Incluso existen modelos de negocio donde el precio y el volumen se definen con meses de anticipación.
Eso no elimina la variabilidad, pero está muy lejos de la idea de incertidumbre total.
Por eso, en muchos casos, el problema no es la incertidumbre.

El verdadero desafío es otro:

-Estamos aprovechando todo el potencial del sistema?
-Estamos tomando decisiones con la información disponible?
-Estamos diseñando sistemas realmente resilientes y eficientes?
-O estamos dejando pasar oportunidades esperando condiciones “más seguras”?

Porque el contexto actual, con sus altibajos, sigue siendo, en términos históricos, una gran oportunidad para la ganadería uruguaya

Y ahí es donde cambia la mirada.

La pregunta no es si hay incertidumbre.
Siempre la hubo y siempre la va a haber.
La pregunta es otra:
¿qué estamos haciendo frente a un contexto que, aun con variabilidad, es claramente favorable?

Porque hoy, más que nunca, el resultado no depende solo del entorno.
Depende de cómo cada sistema decide pararse frente a él.
Y en ese sentido, la diferencia no la va a marcar quien espere a que desaparezca la incertidumbre.
La va a marcar quien entienda que nunca desaparece… y aun así decide producir mejor.

El Ing. Agr. José Manuel Mesa Cacheiro es delegado de la Comisión Nacional de Fomento Rural en la Junta Directiva de INAC y es asesor de productores.

Columna originalmente publicada en atomorural.com