El cambio es acompañado por genética, alimentación a grano y precios que premian esa evolución, destacó el Dr. Juan Manuel Leites, gerente de compra de haciendas de MBRF en entrevista con Agronegocios Sarandí.
La ganadería uruguaya atraviesa una transformación medible en números: los animales que llegan a faena son cada vez más jóvenes y más pesados, en un proceso que combina genética, alimentación a grano y el impulso de precios que premian esa evolución. Así lo describió el Dr. Juan Manuel Leites, gerente de compra de haciendas de MBRF, en entrevista con Agronegocios Sarandí, tras casi 30 años de trayectoria en el rubro.
Los números que confirman el cambio
Leites citó datos del Instituto Nacional de Carnes (INAC) para dimensionar la transformación. En 2021 el promedio de las carcasas de novillo era de 280 kilos, mientras que en 2026 ese promedio subió a 310 kilos. Las vacas, por su parte, pasaron de 220 a 250 kilos de carcasa en el mismo período.
Según el ejecutivo, esos 30 kilos adicionales por animal, multiplicados por el volumen de la faena nacional, representan un salto muy significativo en toneladas de carne producidas, incluso en momentos en que la cantidad de cabezas faenadas es menor.
Genética, sanidad y mercado, todos empujando en la misma dirección
El gerente de MBRF explicó que el fenómeno combina múltiples factores —genéticos, de manejo y sanitarios— pero remarcó el rol central del mercado como orientador de esa tendencia: los precios premian a quien produce animales más jóvenes y pesados, lo que llevó a una fuerte expansión de la alimentación a grano como pieza clave para lograr ambos objetivos simultáneamente.
Ese proceso también transformó la geografía productiva del país, con una dispersión creciente de los engordes a corral, no solo para los animales que van directo a faena, sino también para la suplementación de otras categorías, en un contexto de retroceso relativo de los invernadores más tradicionales a pasto.
Leites atribuyó ese impulso a factores como el precio de los granos a nivel internacional —cuya producción creció fuertemente en Uruguay— y a las dificultades sanitarias, en particular la garrapata, que empujan a los productores hacia sistemas de engorde más controlados y acelerados.
Del novillo precoz de pradera al esquema Icacé
Según describió, el tipo de animal más buscado cambió con los años. Hace unos 15 años el ideal era el novillo precoz de pradera, hoy el mercado se orienta claramente hacia un esquema de destete con suplementación temprana, que luego pasa a un corral, un sistema que la Unidad de Producción Intensiva de Carne (UPIC), de Facultad de Agronomía, denominó Icacé (Invierno Carga Cero), con destete a corral y un segundo corral en el primer invierno.
Ese modelo, sostuvo, es el que permitió el aumento simultáneo de la faena nacional y de la cría.
Una demanda de corral que no siempre puede elegir
Consultado sobre los criterios de compra, Leites respondió: cuanto más joven, más precoz y más pesado, mejor. Pero aclaró que esa elección está condicionada por una limitante estructural del negocio: la falta de oferta suficiente durante buena parte del año para completar la capacidad de faena de las plantas, lo que reduce el margen real de selección entre animales de mejor o peor calidad.
La vaquillona revalorizada
Otro cambio que destacó el entrevistado es la creciente presencia de vaquillonas en los corrales, una categoría que históricamente era la menos valorizada de la cadena, y que hoy encuentra una salida fluida, tanto hacia el engorde a corral como hacia la terminación a pasto por parte de los propios productores, con buena demanda, tanto para el abasto interno como para la exportación.
Según Leites, en los encierros las vaquillonas alcanzan sin problemas el peso requerido por el mercado, gracias al control que permite la dieta.
Limangus y Braford: nuevas experiencias de evaluación genética a corral
Leites participó recientemente como jurado en la primera prueba de engorde a corral de la raza Limangus, organizada por la Sociedad de Criadores de Limangus en el establecimiento La Correntina, en Quebracho, Paysandú.
Según relató, se trató de una jura subjetiva sobre el animal en pie, con un criterio similar al histórico Concurso de Novillos de la Asociación Rural del Uruguay (ARU), que buscó comparar el desempeño de los animales sometidos a las mismas condiciones de alimentación frente a novillos testigo de otras razas, con diferencias visibles en peso y carcasa al momento de la faena.
La Sociedad de Criadores de Braford llevó adelante una experiencia similar, con exposición de terneros en Expoactiva y una posterior prueba de campo en Salto, de la que Leites participó como observador.
Según explicó, este tipo de iniciativas responde a un esfuerzo creciente de las distintas razas por potenciar su desempeño en los sistemas de corral, un fenómeno que, según recordó, tomó impulso después de un período de mayor presencia de razas continentales, cuando las razas cruza, como Braford ganaron protagonismo por su buen desempeño en el engorde intensivo y por aportar carcasas más grandes y carnes más magras.
Garrapata: “más de 20 factores” para encarar el problema
Consultado sobre la persistente problemática sanitaria, Leites —que participó recientemente del Congreso de Garrapata organizado por la Federación Rural en Salto— describió el desafío como sumamente complejo, con exposiciones de referentes de Brasil y Argentina, que ayudaron a dimensionar la magnitud del problema.
Según relató, especialistas como el Dr. Gallina plantearon que, al combinar factores humanos, animales, del propio parásito y climáticos —con cuatro o cinco variables en cada categoría—, se llega a más de 20 factores que deben conjugarse para diseñar una campaña efectiva de control.
También puso el foco en la problemática de los residuos, un tema en el que dijo insistir desde hace tiempo: aunque el escenario más temido —perder mercados de un día para otro— no se concretó, remarcó que la situación se agrava progresivamente y hoy constituye una limitante relevante para la oferta de ganado, ya que muchos productores deben dosificar a sus animales y cumplir tiempos de espera antes de poder venderlos, lo que reduce aún más la disponibilidad.
Según Leites, el abordaje debe ser previo, predio a predio y potrero a potrero, siempre con la consulta al veterinario de confianza.
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