Flávio Bolsonaro superó a Lula da Silva en la primera vuelta y ambos volverán a enfrentarse el 25 de octubre. Crédito, seguro rural, endeudamiento de los productores, fertilizantes, propiedad de la tierra y política ambiental aparecen entre los principales temas de una agenda agropecuaria en la que los candidatos presentan coincidencias, pero también diferencias importantes. La principal bancada vinculada al agro en el Congreso respaldó a Bolsonaro, mientras los mercados reaccionaron al resultado con una fuerte valorización de los activos brasileños.

Brasil ingresó en tres semanas decisivas para definir no solamente quién ocupará la Presidencia a partir de 2027, sino también la orientación de las políticas que afectarán a uno de los mayores complejos agroexportadores del mundo.

El senador Flávio Bolsonaro, del Partido Liberal (PL), terminó primero en las elecciones presidenciales celebradas este domingo 4 de octubre, con 47,03% de los votos válidos, frente a 45,16% del actual presidente Luiz Inácio Lula da Silva, del Partido de los Trabajadores (PT).

Con 99,99% de las urnas escrutadas, Bolsonaro había recibido 56.104.268 votos y Lula 53.876.617, según informó el Tribunal Superior Electoral (TSE). Ninguno alcanzó la mayoría absoluta, por lo que deberán enfrentarse nuevamente en el balotaje previsto para el 25 de octubre.

El resultado tiene particular importancia para el agronegocio. Brasil es uno de los mayores productores y exportadores mundiales de soja, maíz, carne bovina y aviar, azúcar, café y celulosa, entre otros productos, por lo que eventuales modificaciones en las políticas de crédito, comercio exterior, infraestructura, ambiente o tipo de cambio pueden trascender sus fronteras.

La bancada del agro respaldó a Bolsonaro

Bolsonaro llegó a la primera vuelta con el respaldo explícito del Frente Parlamentar da Agropecuária (FPA), principal bancada vinculada al sector agropecuario en el Congreso brasileño.

La dirección de la organización oficializó su apoyo el 1° de octubre, al considerar que existía una convergencia entre las directrices del programa del candidato y las prioridades del sector.

La FPA señaló que tomó la decisión después de evaluar las propuestas presentadas por Bolsonaro y sostuvo que encontró coincidencias con las “prioridades, necesidades y demandas urgentes” del agro brasileño.

Ese posicionamiento, sin embargo, no debe interpretarse como una posición uniforme de todas las organizaciones y empresas vinculadas al agronegocio.

La Asociación Brasileña del Agronegocio (ABAG), por ejemplo, puso el énfasis antes de las elecciones en la necesidad de que el próximo gobierno avance en responsabilidad fiscal, reformas estructurales, fortalecimiento institucional y diálogo político, planteando la necesidad de construir un proyecto de país que trascienda la disputa electoral.

Bolsonaro llegó a la primera vuelta con el respaldo explícito del Frente Parlamentar da Agropecuária (FPA), principal bancada vinculada al sector agropecuario en el Congreso brasileño

Dos propuestas para una potencia agropecuaria

Pese a sus fuertes diferencias políticas, los programas de Lula y Bolsonaro presentan algunos puntos de coincidencia para el sector agropecuario.

Ambos proponen ampliar o fortalecer los instrumentos de crédito y seguro rural, reducir la dependencia brasileña de fertilizantes importados y mejorar las condiciones para la producción. Las diferencias aparecen principalmente en los mecanismos utilizados para alcanzar esos objetivos, el papel asignado al Estado y al financiamiento privado, la política fundiaria y la agenda ambiental.

Lula propone profundizar un modelo en el que las políticas públicas mantienen una participación importante en el financiamiento agropecuario.

Su programa plantea reforzar el Plan Zafra, ampliar los recursos disponibles y procurar tasas de interés compatibles con la rentabilidad de las actividades productivas.

El actual Plan Zafra 2026/27 dispone de R$ 525.100 millones (unos U$S 105.000 millones) para la agricultura empresarial, destinados al financiamiento de producción, comercialización e inversiones.

En paralelo, el gobierno mantiene una política diferenciada para la agricultura familiar. El Plan Zafra correspondiente a este segmento contempla R$ 85.200 millones (unos U$S 17.000 millones) para operaciones del Programa Nacional de Fortalecimiento de la Agricultura Familiar (Pronaf), además de instrumentos vinculados con seguro, asistencia técnica y compras públicas.

El endeudamiento se convirtió en uno de los asuntos sensibles para una parte del campo brasileño después de campañas caracterizadas por tasas de interés elevadas, dificultades climáticas, costos de producción importantes y volatilidad en los precios de las commodities

Para un eventual nuevo mandato, Lula propone además ampliar el seguro rural y desarrollar, en negociación con el sector productivo, un instrumento destinado a enfrentar pérdidas sistémicas provocadas por quebrantos severos de cosecha.

Bolsonaro también coloca el financiamiento y el seguro entre sus prioridades, aunque propone una participación mayor de instrumentos privados.

Su programa plantea ampliar la cobertura del seguro rural, utilizar mecanismos de securitización y reorganizar las deudas de los productores, buscando generar horizontes financieros superiores a un ciclo productivo.

El endeudamiento se convirtió en uno de los asuntos sensibles para una parte del campo brasileño después de campañas caracterizadas por tasas de interés elevadas, dificultades climáticas, costos de producción importantes y volatilidad en los precios de las commodities.

Fertilizantes: mismo objetivo, caminos diferentes

Los dos candidatos también coinciden en que Brasil debe reducir su elevada dependencia de fertilizantes importados.

Bolsonaro propone aumentar el aprovechamiento de las reservas nacionales de potasio y fosfato y desarrollar la producción de fertilizantes a partir de gas natural.

Lula también plantea incrementar la producción doméstica, pero asigna un papel relevante a Petrobras y a la recuperación de capacidad industrial instalada.

Su programa menciona las plantas de Sergipe, Bahia y Paraná y las obras de una fábrica en Mato Grosso do Sul. También propone estimular el desarrollo de bioinsumos, particularmente entre productores familiares, como mecanismo para disminuir la dependencia de fertilizantes químicos importados.

La cuestión tiene importancia estratégica para el agronegocio brasileño, que mantiene una elevada dependencia del abastecimiento externo de insumos utilizados por sus principales cultivos.

Tierra y ambiente marcan diferencias

Las políticas vinculadas con la tierra y el ambiente son de las fronteras más claras entre los proyectos de ambos candidatos.

Bolsonaro coloca el énfasis en la titulación de propiedades rurales y en la defensa del derecho de propiedad. Su programa propone acelerar la regularización de tierras, bajo el argumento de que disponer de títulos facilita el acceso al crédito y las inversiones.

Lula también plantea avanzar en la regularización, particularmente en el norte del país, pero simultáneamente propone continuar con la reforma agraria, instalar familias actualmente acampadas, fortalecer los asentamientos existentes y ampliar el crédito para el acceso a la tierra.

También existen diferencias respecto a los territorios indígenas.

Bolsonaro propone ampliar las posibilidades para desarrollar actividades económicas en esas áreas dentro de las normas ambientales, mientras Lula plantea continuar con las demarcaciones y con las operaciones destinadas a retirar ocupantes irregulares.

La sustentabilidad ocupa además un lugar importante dentro de la actual política agropecuaria del gobierno de Lula. El Plan Zafra contempla incentivos financieros para determinados productores que cumplen requisitos ambientales o adoptan prácticas agropecuarias consideradas sustentables.

Integrantes del Movimiento Sin Tierra, de Brasil

Crédito, seguro y deuda, entre las demandas del sector

Más allá de las preferencias electorales, varias de las principales demandas del agronegocio atraviesan a las dos candidaturas.

La Confederación de la Agricultura y Pecuaria de Brasil (CNA), una de las principales organizaciones representativas de los productores rurales, solicitó para el Plan Agrícola y Pecuario 2026/27 recursos por R$ 623.000 millones (unos U$S 125.000 millones).

La organización también reclamó R$ 4.000 millones (unos U$S 800 millones) para subvencionar el seguro rural, además de ampliar los mecanismos privados de financiamiento y adoptar medidas destinadas a mejorar la situación financiera de los productores.

La diferencia entre esos planteos y los recursos finalmente disponibles muestra que, independientemente de quién gane las elecciones, el financiamiento continuará ocupando un lugar central en las negociaciones entre el próximo gobierno y el sector.

Señales favorables en parte del agronegocio

Los primeros análisis posteriores a las elecciones muestran una recepción favorable del resultado entre algunos referentes vinculados al agronegocio, aunque no existe una posición institucional uniforme que permita extender esa valoración al conjunto del sector.

Carlos Cogo, socio director de Cogo Inteligencia en Agronegocio, señaló al Broadcast que el escenario fue recibido “con alivio y señalización positiva”, pero advirtió que la candidatura de Bolsonaro todavía debe definir un interlocutor formal para negociar la agenda agropecuaria.

Entre las prioridades mencionadas aparecen la seguridad jurídica sobre la tierra, mayor participación del financiamiento privado, apertura comercial y las políticas relacionadas con la reforma agraria.

Uno de los nombres mencionados como posible referencia para ese diálogo es el de la senadora Tereza Cristina, exministra de Agricultura durante el gobierno de Jair Bolsonaro y dirigente vinculada a la FPA.

El respaldo formal de la FPA previo a las elecciones constituye, de todos modos, la manifestación política más clara proveniente de la representación parlamentaria vinculada al agronegocio.

Los mercados reaccionaron con un fuerte rally

La reacción más inmediata al resultado electoral apareció este lunes en los mercados financieros.

Hasta primeras horas de la tarde, el Ibovespa registraba una suba cercana a 8% y alcanzó un máximo intradiario histórico de 209.605,70 puntos, superando por primera vez la barrera de los 200.000 puntos.

Paralelamente, el dólar cayó por debajo de 5 reales y operó sobre 4,98 reales.

La lectura predominante entre los inversores fue que la ventaja obtenida por Bolsonaro en la primera vuelta, sumada al desempeño electoral de fuerzas de derecha en el Congreso, aumentó las posibilidades de un cambio en la orientación de la política económica y fiscal a partir de 2027.

Entre las empresas con importantes valorizaciones apareció Cosan, grupo con intereses en azúcar, etanol, energía y logística, cuyas acciones llegaron a avanzar más de 20% durante la mañana.

Sin embargo, la continuidad de ese movimiento dependerá tanto de la evolución de la campaña como de las propuestas económicas que presenten los candidatos y, finalmente, del resultado del balotaje.

Un real más fuerte también plantea interrogantes para el agro

La fuerte apreciación de la moneda brasileña introduce, al mismo tiempo, una consecuencia menos favorable para las cadenas exportadoras.

Un real más valorizado frente al dólar reduce, en igualdad de condiciones, los ingresos en moneda local obtenidos por productos comercializados internacionalmente.

La cuestión adquiere particular importancia en cadenas como carne bovina, soja, maíz, azúcar, café y celulosa, donde Brasil compite directamente en el mercado mundial.

En el mercado ganadero, el consultor Hyberville Neto, de HN Agro, advirtió este lunes que la caída del dólar puede reducir parte de la competitividad de la carne bovina brasileña en el exterior, aunque consideró que la fortaleza de la demanda internacional podría amortiguar ese impacto.

La evolución del real será, por tanto, una variable a seguir durante las próximas semanas, tanto por sus consecuencias sobre las exportaciones brasileñas como por sus posibles efectos sobre competidores regionales, entre ellos Uruguay.

Tres semanas decisivas para el agro

La primera vuelta dejó un escenario abierto: Bolsonaro llega al balotaje con una ventaja de casi dos puntos porcentuales sobre Lula, el respaldo explícito de la principal bancada parlamentaria vinculada al agro y una primera reacción fuertemente positiva de los mercados financieros.

Pero para el sector agropecuario la discusión de las próximas tres semanas probablemente se concentrará cada vez más en cuestiones concretas.

Crédito y costo financiero, refinanciación de deudas, seguro rural, infraestructura y almacenamiento, fertilizantes, seguridad jurídica sobre la tierra, política ambiental y apertura de mercados integran una agenda que afecta directamente la competitividad de una de las mayores potencias agroexportadoras mundiales.

Lula propone profundizar un esquema con fuerte participación de las políticas públicas, crédito dirigido, sustentabilidad y apoyo diferenciado a la agricultura familiar.

Bolsonaro plantea una mayor utilización del financiamiento privado, defensa más enfática del derecho de propiedad, reorganización de las deudas rurales y menor protagonismo de la reforma agraria.

El 25 de octubre los brasileños definirán cuál de esos proyectos tendrá la posibilidad de conducir el país durante los próximos cuatro años.

Y para Uruguay el resultado no será indiferente. Por el peso de Brasil en los mercados internacionales de carne bovina, soja, maíz, arroz, azúcar, café y celulosa, pero también por la incidencia del real sobre la competitividad regional y por el papel brasileño dentro del Mercosur, las decisiones que adopte el próximo gobierno tendrán efectos que trascenderán ampliamente sus fronteras.