Proyecciones de la Unidad de Economía de INIA señalan que al finalizar este ejercicio el negocio de la cría será ajustado y que los sistemas de ciclo completo tendrán un poco más de oxígeno.

El cierre del ejercicio 2021/22 fue “soñado” y resultó un “ejercicio particularmente destacado”, dijo en entrevista con Agronegocios Sarandí el ingeniero agrónomo Enrique Fernández, de la Unidad de Economía del Instituto Nacional de Innovación Agraria (INIA).

Agregó que ahora la agricultura está complicada, por la situación por la sequía, y lo mismo está pasando con la ganadería”, al realizar un análisis de los números vertidos en la 7a Jornada de Economía. 

En esa instancia señaló que el “cierre de ejercicio el 2021/22 fue soñado por mucho tiempo. Resultó un ejercicio particularmente destacado. La preocupación nuestra hacia adelante fue en base a la información que teníamos hasta el momento y que a todos nos sorprendió”. 

“Quizás esta baja de precios un tanto repentina –agregó–, permitió ver cómo podía en un ejercicio de previsión cerrar este próximo año, considerando que cinco o seis meses ya estaban vistos”, indicó.

El flujo de caja

Fernández dijo que “algo que venimos mirando desde hace un par de años, más allá del resultado del ingreso de capital o del margen bruto, es el flujo de caja. Las ventas que el productor hace, lo que recibe de caja menos los gastos que tiene en efectivo. Cuánto margen le queda para cubrir las necesidades de su familia y para amortizar las inversiones que tiene en su predio; y además cuánto le podría quedar para encarar nuevas inversiones”.

Agregó que esa “es otra preocupación que desde INIA tenemos, porque siempre hablamos de tecnología y en general casi todas las tecnologías requieren de algún tipo de inversión. A veces señalamos que el productor adopta o no adopta tecnología, y no miramos la posibilidad de poder afrontar un crédito o tener capital propio para esto. Ese fue el enfoque de esta previsión mirando el siguiente ejercicio”. 

El negocio de la cría es ajustado

Fernández recordó que estos datos se analizan desde 2012/13, con un par de modelos basados en la encuesta ganadera nacional. Elaboramos un modelo de un predio ganadero de cría, de unas 650 hectáreas; y uno de ciclo completo, de unas 1.000 hectáreas, que responden un poco a alguna tipología de esa encuesta”.

“No intenta ser representativo –aseguró–, sino un modelo tipo. En algunos de estos años pasados encontramos que ni siquiera se llega a cubrir la necesidad familiar, o sea una canasta familiar calculada como el sueldo de un gerente de grado medio o bajo de una empresa. Ese es el presupuesto familiar que usamos”, advirtió.

“El modelo de cría, en cualquiera de los tres escenarios de precios, llega a cubrir las necesidades de la familia, pero no genera excedente”

El integrante de INIA puntualizó que “en otros casos se cubre esa necesidad, pero no cubre la amortización de los bienes que tiene el predio. Esto quiere decir que el productor se está comiendo el capital que tiene en el campo. Pero el año pasado fue excepcional, cualquiera de los dos modelos generaron excelentes resultados, incluso para afrontar nuevas invasiones”.

Recordó que un artículo que publicó en la revista de INIA donde se preveía esto, al tiempo que alentaba a quien pudiera encarar esta situación porque traía incrementos de productividad. 

Luego se plantearon modelos de proyección del resultado futuro de las empresas, considerando tres escenarios de precios –similar a los de noviembre, inferiores y muy superiores–. 

La conclusión es que “el modelo de cría, en cualquiera de los tres escenarios de precios, llega a cubrir las necesidades de la familia, cubre la amortización de lo que tiene invertido hasta el momento, pero no genera excedente para nuevas inversiones; su saldo para nuevas inversiones es casi cero”, señaló.

El ciclo completo tiene más oxígeno

Sin embargo, el investigador especificó que “el modelo de ciclo completo sí genera ese saldo para inversiones y eso se explica porque las categorías de engorde, tanto las vacas como los novillos, tuvieron un incremento de precio por encima de lo que aumentaron las categorías de recría. Eso determina que estos sistemas que tienen más categorías de invernada tengan cierta ventaja en ese sentido”. 

“Por lo tanto, prevemos que va a ser un ejercicio menor al que tuvimos, pero no lejos de los promedios anteriores”, afirmó.

Considerando el difícil escenario para proyectar la segunda parte de este ejercicio, porque no se sabe cómo se comportará la demanda china, por ejemplo, “no había ningún elemento que nos permitiera armar una probabilidad de precios, simplemente jugamos con posibles escenarios”, explicó. 

Costos de los insumos y valor del dólar

Fernández dijo que se consideraron precios que habían venido bajando desde principios de este año, por ejemplo el de los fertilizantes. “En los últimos tiempos retomaron cierto valor alcista, que tiene que ver con la disminución del dólar, por supuesto. Además hay que considerar la inflación que esto produce en términos de dólares y la inflación doméstica, que arrastra a los precios en pesos”, señaló.

Puntualizó que para la ganadería, a diferencia de la agricultura, se estimó que alrededor del 50% de los gastos son en pesos, y eso tracciona los gastos al alza. 

Sobre la caída de los precios de las haciendas, Fernández comentó que “este es un juego de promedios, uno no puede guiarse ni por un ejercicio muy malo ni por uno muy bueno”.

También destacó que “hay una tendencia de incremento de productividad de los predios, pero no es muy marcada. El éxito básicamente está marcado por los precios y por los costos”. 

Finalmente, Fernández dijo que tanto en ganadería como en la agricultura “está complicada la situación por la sequía”, y que “el precio se ajusta unos centavos al alza o a la baja de acuerdo a las expectativas de lluvias”.