La presencia o ausencia de lluvias en marzo fueron determinantes en los resultados finales de la cosecha, que concluye en estos días.
Los rendimientos en la cosecha de soja 2020, que concluye en estos días, fueron variables, y estuvieron determinados fundamentalmente por la presencia o ausencia de lluvias de marzo.
El Ing. Agr. Diego Lluberas, asesor agrícola de varios establecimientos de la región del litoral, señaló que en esos predios el promedio se ubicó en 2.760 kilos por hectárea, con un mínimo de 2.200 kilos y el máximo fue de 3.400 kilos por hectárea.
A fines de febrero, Agronegocios Sarandí consultó a Lluberas sobre el potencial de rendimiento de los cultivos, e informó que tenían un estado muy bueno, y para lograr buenos resultados en la cosecha dependería de lo que pasara con el clima de ahí en adelante.
Pero las lluvias de marzo fueron escasas y no se pudieron concretar esos potenciales esperados, lo que se vio reflejado en una cosecha “bastante menguada respecto a lo esperado”, admitió.
Las trillas comenzaron temprano, en los primeros días de abril, transcurrieron con normalidad, y aunque se detuvieron unos días por lluvias, se retomaron enseguida.
“En general, el productor trata de ir vendiendo a medida que va avanzando la zafra. Este año se comercializó bastante, y siempre se deja un porcentaje para el final, a la espera del rendimiento. Pero la mayor parte ya se había comercializado. El precio, en general, fue por encima de U$S 300 por tonelada, llegando a U$S 305 o U$S 310”, comentó el asesor.
Consultado sobre el rendimiento de equilibrio de esta zafra, para lograr cubrir los costos, Lluberas respondió que, sin considerar renta y dependiendo de la chacra –porque varía mucho de una a otra, por la situación de malezas, fertilización y demás– fue de unos 1.500 o 1.600 kilos por hectárea.
En el caso de los productores que arriendan campos en el litoral, se deben sumar entre 600 y 750 kilos por hectárea al costo.
Invierno
También por estos días inicia la siembra de cultivos de invierno. «En general los productores están apostando a diversificar los cultivos y los ingresos, con una rotación diversificada en el largo plazo, para el control de malezas y aporte de carbono al suelo, que le dé estabilidad al sistema», comentó Lluberas.
Trigo, cebada, colza, carinata y lupino son los cultivos que se realizan en invierno. El agrónomo estimó que posiblemente baje el área de cebada, se mantendrá el área de trigo, mientras aumentarán las áreas de los cultivos menores, como colza, carinata y lupino.








