La Organización Meteorológica Mundial publicó este lunes su actualización más reciente y eleva la probabilidad de un evento El Niño al 80% para junio-agosto y a más del 90% para que se extienda hasta noviembre. Para Uruguay, Argentina y el sur de Brasil, el patrón histórico indica lluvias por encima de lo normal, una oportunidad y un riesgo al mismo tiempo.

La Organización Meteorológica Mundial (OMM) emitió este 2 de junio su actualización sobre El Niño/La Niña y lanzó un mensaje inequívoco a los gobiernos, organismos humanitarios y sectores climáticamente sensibles: el tiempo de prepararse es ahora.

Impulsado por temperaturas oceánicas inusualmente cálidas en el Pacífico tropical, el fenómeno El Niño está en desarrollo y se prevé que influya sobre los patrones globales de temperatura y precipitación, aumentando el riesgo de fenómenos meteorológicos extremos en los próximos meses.

El nuevo boletín El Niño/La Niña de la OMM indica una probabilidad del 80% de un evento El Niño durante junio-agosto de 2026. Las probabilidades de que continúe al menos hasta noviembre son del 90% o más. Aunque existe cierta incertidumbre sobre el pico de intensidad y su momento exacto, la mayoría de los modelos de pronóstico sugieren que será al menos moderado, y posiblemente fuerte.

El diagnóstico científico

El mecanismo que está impulsando el fenómeno es preciso. A fines de abril y mediados de mayo la temperatura de la superficie del mar en el Pacífico ecuatorial central-oriental —la zona utilizada como referencia de monitoreo— se estaba acercando a los umbrales de El Niño.

Esas anomalías crecientes en la superficie están siendo alimentadas por condiciones subsuperficiales inusualmente cálidas en todo el Pacífico tropical, con temperaturas que superan los 6 °C por encima del promedio, proporcionando un sustancial reservorio de calor, que contribuye al calentamiento superficial observado.

El Índice de Oscilación del Sur —el componente atmosférico de El Niño— también es consistente con el desarrollo de condiciones El Niño.

“La ciencia es clara: El Niño está llegando a nuestra puerta en los próximos meses con un 90% de certeza. Las condiciones de El Niño echarán combustible al fuego de un mundo que se calienta. Los impactos serán más fuertes, viajarán más lejos y cruzarán fronteras a una velocidad devastadora”, dijo el secretario general de la ONU, António Guterres

La secretaria general de la OMM, Celeste Saulo, expresó: “Necesitamos prepararnos para un evento El Niño potencialmente fuerte, que exacerbará la sequía y las lluvias intensas, y aumentará el riesgo de olas de calor, tanto en tierra como en el océano. El Niño más reciente, en 2023-2024, fue uno de los cinco más fuertes registrados y desempeñó un papel en las temperaturas globales récord que vimos en 2024”.

El secretario general de la ONU, António Guterres, fue aún más contundente: “La ciencia es clara: El Niño está llegando a nuestra puerta en los próximos meses con un 90% de certeza. Las condiciones de El Niño echarán combustible al fuego de un mundo que se calienta. Los impactos serán más fuertes, viajarán más lejos y cruzarán fronteras a una velocidad devastadora”.

El secretario general de la ONU, António Gutteres

El patrón histórico y lo que cambia el clima

El Niño se caracteriza por un calentamiento de las temperaturas superficiales del océano en el Pacífico ecuatorial central y oriental. Típicamente ocurre cada dos a siete años y dura aproximadamente entre nueve y 12 meses. Generalmente comienza a desarrollarse entre marzo y junio, alcanza su intensidad máxima entre noviembre y febrero, y sus impactos en las temperaturas globales suelen ser más pronunciados en el segundo año tras su desarrollo.

Hay un elemento nuevo en la ecuación. No existe evidencia de que el cambio climático aumente la frecuencia o la intensidad de los eventos El Niño. Pero sí puede amplificar los impactos asociados, porque un océano y una atmósfera más cálidos aumentan la disponibilidad de energía y humedad para fenómenos meteorológicos extremos, como olas de calor y lluvias intensas.

Los episodios más intensos registrados fueron en 1982-1983, 1997-1998 y 2015-2016, y provocaron impactos sustanciales en los sistemas climáticos globales y en la economía mundial. El fenómeno de 1997-1998 generó pérdidas económicas por más de U$S 30.000 millones, y dejó cerca de 24.000 víctimas mortales.

Qué esperar en el Cono Sur

El impacto de El Niño no es uniforme en el planeta. Para América del Sur los patrones históricos marcan una división clara, que tiene consecuencias muy distintas según la región.

Mientras que países como Colombia, Venezuela y el norte de Brasil enfrentan condiciones más secas y riesgos de incendios forestales, regiones en el sur de Brasil, Uruguay, el norte de Argentina y el centro de Chile deben prepararse para precipitaciones por encima del promedio.

Para el sector agropecuario, esto implica una paradoja familiar. En América del Sur, históricamente El Niño se asocia con mayores precipitaciones en Argentina, Uruguay y el sur de Brasil, lo que puede favorecer rindes, pero también incrementar riesgos de excesos hídricos y enfermedades.

El riesgo sobre las cuencas hidrológicas es uno de los más concretos. Las grandes cuencas como las de los ríos Paraná, Paraguay, Uruguay y sus afluentes podrían presentar situaciones de riesgo a todas las producciones y poblaciones rurales de zonas aledañas y planos fluviales, dada la suba en altura y el aumento del caudal de esos cursos de agua.

Regiones del sur de Brasil, Uruguay, el noreste de Argentina y Paraguay podrían experimentar precipitaciones intensas y prolongadas que aumentan el riesgo de inundaciones, crecidas de ríos y deslizamientos de tierra.

La transición fue más rápida de lo habitual

Un dato que preocupa a los organismos internacionales es la velocidad con que se produjo el cambio de fase. La transición de condiciones de enfriamiento (La Niña) a un calentamiento extremo ha sido mucho más rápida de lo habitual, lo que ha obligado a organizaciones humanitarias como la Cruz Roja a aumentar de inmediato sus niveles de preparación.

Los pronósticos indican aumentos de entre 2 °C y 3 °C en el Pacífico central en 2026, valores que algunos medios han denominado “Super El Niño”, aunque la OMM no utiliza ese término, porque no forma parte de sus clasificaciones operativas estandarizadas.

El llamado a la acción preventiva

Los pronósticos estacionales globales para junio-agosto proyectan una dominancia casi universal de temperaturas por encima de lo normal en prácticamente todas las partes del mundo. Durante el verano boreal las aguas cálidas de El Niño pueden potenciar los huracanes en el Pacífico central y oriental, mientras que inhiben su formación en la cuenca del Atlántico.

La OMM insiste en que los pronósticos avanzados existen para ser usados. “Los pronósticos estacionales avanzados y las alertas tempranas son vitales para salvar vidas y amortiguar el impacto sobre nuestras economías y comunidades”, señaló Saulo.

Para el sector agropecuario del Cono Sur la lectura práctica es doble. El escenario más probable incluye una primavera y un verano con precipitaciones por encima de lo normal, lo que puede ser favorable para la producción, pero exige planificación en drenaje, manejo sanitario y logística.

Las cuencas hidrológicas compartidas entre Uruguay, Argentina y Brasil requerirán monitoreo coordinado. Y la experiencia de 2023-24 —que fue El Niño más reciente y uno de los más intensos registrados— es un recordatorio de que los modelos de probabilidad se convierten, tarde o temprano, en realidades sobre el terreno.