La presentación de uno de los buques insignias de la actual gestión del MGAP, el proyecto Procría, ha generado una serie de comentarios, unos a favor, alguno en contra. Sobre la importancia que el mismo tiene, el Ing. Agr. José Manuel Mesa Cacheiro escribió el siguiente artículo.
En estos días, ha comenzado a rodar una crítica que dice que el Proyecto Procría no tendrá impacto relevante en la ganadería nacional. El argumento es concreto: el número adicional de terneros que se produciría, aun en el mejor de los escenarios, no movería la aguja del stock ganadero del país.
Es cierto. Si nos limitamos a la cantidad, si reducimos la ganadería a una cifra en el balance, la crítica tiene asidero.
Pero esa mirada, aunque válida en términos productivos, es incompleta. Porque Procría no es una política diseñada para multiplicar terneros, sino para sembrar procesos en los predios donde más falta hacen: los de la producción familiar.
“Procría no es una política diseñada para multiplicar terneros, sino para sembrar procesos en los predios donde más falta hacen”
El verdadero valor del programa está en otros planos. En la posibilidad concreta de que un productor reciba asistencia técnica regular, adaptada a su realidad, durante cuatro años. En el trabajo grupal entre pares, donde se construye confianza, intercambio y conocimiento. En el fortalecimiento de jóvenes, a quienes muchas veces se les pide que se queden en el campo sin brindarles herramientas reales para hacerlo.
También está en el enfoque ambiental, en la mejora del manejo del campo natural, en la forma de criar cuidando el recurso y adaptándose al cambio climático.
Esas transformaciones no se ven en los registros, pero tienen un impacto profundo en la sostenibilidad del modelo ganadero del país.
“Desde la CNFR creemos que la participación en Procría no es un acto pasivo. No es esperar que el Estado llegue con soluciones cerradas”
Es involucrarse para que las herramientas disponibles funcionen en el territorio, para que el programa se ajuste a la realidad de los productores familiares, para que sea exigente y exigido, y para que sus resultados, los visibles y los invisibles, dejen huella.
La ganadería de cría enfrenta desafíos enormes. Sería ingenuo pensar que Procría los resuelve. Pero también sería un error desecharlo por lo que no logra, sin valorar lo que sí construye.
A veces, en el campo como en la vida, hay políticas que no cambian la historia, pero sí cambian historias. La nuestra, como gremial vinculada a la ganadería, es estar ahí donde se juega esa posibilidad.
José Manuel Mesa Cacheiro es delegado en Junta de INAC por la Comisión Nacional de Fomento Rural (CNFR)







