El coordinador del Plan Nacional de Lucha contra la Garrapata destacó el alcance de los operativos en los predios, pero advirtió sobre la falta de planes sanitarios y la necesidad de preservar los productos disponibles.
“Me encontré con mucho menos garrapata de la que esperaba”. La observación del doctor Carlos Fuellis, coordinador del Plan Nacional de Lucha contra la Garrapata, surge de su participación en los operativos de saturación que los Servicios Ganaderos desarrollan en distintos departamentos. Sin embargo, el veterinario puso un límite a esa apreciación: se trata de una impresión personal, condicionada por el momento del ciclo del parásito, y no de una conclusión sobre la situación nacional.
En entrevista con Agronegocios Sarandí, Fuellis explicó que estas visitas buscan acercar información a los productores, conocer cómo enfrentan el problema y fortalecer el diagnóstico sobre la distribución de la garrapata. El trabajo también permite identificar debilidades: establecimientos sin un plan sanitario, escasa asistencia veterinaria permanente y diferencias importantes en el uso de los garrapaticidas.
El operativo, que inicialmente comprendía Artigas, Rivera y Cerro Largo, se extendió a otros departamentos. Sus resultados y conclusiones serán presentados el 30 de noviembre en el Dilave.
— ¿Qué son los operativos de saturación y por qué se decidió realizarlos?
— Comenzaron en agosto, por iniciativa del ministro Alfredo Fratti. Se buscó un término gráfico, pero técnicamente se trata de un rastreo, una herramienta sanitaria que los Servicios Ganaderos utilizan para distintas enfermedades. Consiste en concentrar la mayor cantidad posible de equipos técnicos en una zona definida geográficamente.
Inicialmente se pensó en Artigas, Rivera y Cerro Largo, pero el efecto positivo entre productores y funcionarios hizo que la actividad se extendiera. Quiero destacar la actitud de los funcionarios y de los nuevos agentes sanitarios, que llevaron ese entusiasmo a otros departamentos.
— ¿Cómo se eligieron las zonas y qué buscan cuando llegan a un establecimiento?
— La definición la tomaron fundamentalmente los servicios locales y zonales. En muchos casos eligieron lugares que todavía no habían visitado durante el año; en otros aprovecharon para consolidar el diagnóstico sanitario de los predios.
Las visitas tienen un propósito de educación sanitaria. Buscamos acercarnos a productores a los que no siempre llegamos mediante los medios de comunicación o las actividades de difusión. Conversamos, entregamos material técnico y recabamos información sobre el establecimiento.
Consultamos sobre presencia de garrapata, tratamientos, productos utilizados, formas de aplicación, manejo del ganado, hemoparásitos y registros sanitarios. Cuando las condiciones climáticas y operativas lo permiten, también revisamos una parte de los animales. Además, georreferenciamos el predio. Todo eso fortalece el diagnóstico de dispersión del parásito, que es uno de los objetivos del plan.
— ¿Estas visitas tienen una finalidad sancionatoria?
— No. Lo que acordamos inicialmente con el ministro es que este trabajo fuera en términos de educación sanitaria, y lo estamos cumpliendo. La información que generamos nos permitirá volver a trabajar con los productores para buscar soluciones.
En paralelo se realizaron charlas sobre garrapata, residuos y el plan nacional, y también controles en ruta. Estos últimos son una de las acciones que vienen algo más rezagadas y que queremos fortalecer.
“Me encontré con mucho menos garrapata de la que esperaba”
— ¿Qué alcance ha tenido el operativo?
— A los tres departamentos iniciales se sumaron Salto, Treinta y Tres, Rocha, Maldonado, Paysandú y Lavalleja. También hay trabajo en zonas libres, como la 12ª seccional de Florida, y se presentaron o se están preparando planificaciones para otros departamentos.
Para dar algunos ejemplos, en Artigas trabajaron cinco equipos, con 16 funcionarios, y se visitaron 146 predios. En Rivera fueron siete equipos, con 19 funcionarios, que visitaron 188 establecimientos durante ocho días.
El trabajo nos permite acercarnos a un universo de más de 850 productores. El detalle y las conclusiones se presentarán el 30 de noviembre en el Dilave. Creo que el año que viene, durante la tercera generación de garrapata, podremos organizar algo más ambicioso.
— ¿Qué respuesta encontraron de las gremiales y los productores?
— El apoyo de las gremiales fue absoluto desde el primer momento. Hay una colaboración continua con las instituciones que integran el grupo interinstitucional de garrapata, y también se sumaron intendencias.
La dificultad es llegar a quienes normalmente no asisten a las reuniones. Muchas veces participan los productores y veterinarios que ya tienen interés y responsabilidad sobre el tema. Tenemos que ser creativos para acercarnos también a los demás y transmitir herramientas que sabemos que funcionan.
— ¿Qué fue lo que más le llamó la atención durante las visitas?
— En términos generales, en los departamentos donde pude participar, me encontré con mucho menos garrapata de la que esperaba. Pero tengo que precisar que es una apreciación subjetiva y que uno de los factores que puede explicarla es que estamos en la primera generación.
También veo que la gente puso el tema en el centro de su preocupación. Ante una presencia mínima se alarma, y comparto esa actitud, porque necesitamos mantenernos trabajando para cambiar la situación del país.
En Salto, por ejemplo, de 182 predios visitados, un 74% declaró tener garrapata, pero se encontró efectivamente en un 25%. Entre aquellos donde se detectó, predominaban las cargas bajas. Eso es un dato del trabajo realizado; no significa que los establecimientos donde no se encontró en ese momento no tengan el problema.
“La gente realmente le ha puesto el tema en el centro de su preocupación”
— ¿Qué debilidades aparecen en el manejo sanitario?
— Hay un porcentaje importante que hace tratamiento generacional, con rotación de garrapaticidas, pero también casi un 20% que no lo considera o no lo realiza. Y no hay muchos establecimientos que tengan un plan sanitario: esa es una información negativa importante.
En los datos de Salto, un 83% de los predios visitados tenía bien la planilla de control sanitario. Es un porcentaje importante, pero todos deben registrar los tratamientos. Queremos avanzar hacia su digitalización, aunque hoy esa planilla es el registro oficial.
Además, menos de un 40% tenía asistencia veterinaria permanente. La Dirección General de los Servicios Ganaderos trabaja con la Academia Nacional de Veterinaria en el modelo del veterinario corresponsable. Creemos que es una forma de corregir situaciones sanitarias y convertir el costo del veterinario en una inversión.
“No hay muchos que tengan plan sanitario. Esto creo que es una información negativa importante”
— ¿Por qué preocupa especialmente el uso del fluralaner?
— Porque queremos preservar su eficacia durante mucho tiempo. Es la herramienta más reciente y, por ahora, la “bala de plata”.
Encontramos diferencias entre departamentos. En Salto se utiliza mucho para recibir o sacar ganado; en Artigas observamos un uso más intenso. Eso es una señal que debemos considerar. Por eso ponemos especial énfasis en conocer cómo se está utilizando.
— La tristeza parasitaria es otra de las grandes preocupaciones. ¿Está aumentando el uso de la hemovacuna?
— Sí. Es una herramienta disponible comercialmente en el Dilave desde 1980 y, sin embargo, en 2017 y 2018 no llegábamos a 10.000 dosis utilizadas. Hoy, entre la producción pública y privada, estamos por encima de las 700.000 y seguramente terminemos cerca de 1 millón.
De todas maneras, en la zona de control nacen unos 2 millones de terneros, por lo que todavía estamos lejos de una cobertura total.
“Todos tienen que tener un registro de los tratamientos que hacen”
El Ministerio de Ganadería está donando unas 60.000 dosis este año para terneras de productores vinculados a Procría, Desarrollo Rural y Colonización. Creo que estos ejemplos pueden ayudar a incorporar la herramienta a los sistemas productivos que tienen problemas de tristeza parasitaria.
También se está trabajando para ampliar la producción con un centro en el Dilave de Paysandú, que se sumará al de Montevideo. Por las características de la vacuna, su producción es semiartesanal y aumentar la oferta requiere ese esfuerzo.
— ¿Qué riesgos observa en la frontera con Brasil?
— No tenemos una evaluación integral con fundamento técnico y científico sobre su incidencia en Uruguay, pero sí observaciones de los técnicos que trabajan en las zonas de frontera.
La multirresistencia en Río Grande del Sur es un problema muy serio. Uno de los aspectos sobre los que debemos poner atención es el uso de productos que combinan varios principios activos. Pueden dar un resultado inicial muy bueno, pero también favorecer la aparición de resistencia a más de un grupo químico.
Además, no se debe asumir que un producto comprado en Brasil tiene las mismas características o los mismos tiempos de espera que uno registrado en Uruguay, aunque tenga el mismo nombre comercial. Uruguay publica la información de los garrapaticidas registrados, con sus dosis, formas de aplicación y tiempos de espera para carne y leche. Es fundamental trabajar con esa información.
“Hoy por suerte estamos por encima de las 700.000 (dosis de hemovacuna contra la tristeza parasitaria, sumando la producción pública y privada)”
— ¿Qué resultados espera alcanzar primero con el plan?
— El plan tiene seis objetivos: mejorar el diagnóstico, reducir los animales enfermos y muertos, bajar la presencia de garrapata en la zona de control, mantener libre la zona libre, demorar la resistencia y la multirresistencia, y evitar residuos en la carne.
Son objetivos difíciles de cumplir en el corto plazo. Enfrentamos una plaga que puede permanecer viable en el campo durante alrededor de un año, y la contaminación de los establecimientos es el resultado de un proceso largo.
Mi opinión es que uno de los primeros indicadores que puede mejorar es el de residuos en los productos cárnicos. Con buenas prácticas de uso de los medicamentos veterinarios se puede generar un cambio inmediato en ese aspecto. Queremos mejorar todos los indicadores, pero creo que ahí podemos esperar resultados antes, apoyándonos en la responsabilidad y la sensibilidad de los productores.
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