El Directorio del Banco Mundial aprobó este martes 30 de noviembre un préstamo de U$S 35,5 millones a Uruguay para desarrollar sistemas de información que permitan a productores y responsables de políticas públicas anticipar medidas de resiliencia frente al cambio climático y acompañar el desarrollo de la agroecología.

El objetivo del programa es promover que la producción de alimentos en Uruguay se lleve a cabo de forma ambientalmente sostenible, permitiendo así participar de los mercados internacionales más exigentes.

El ministro de Ganadería, Agricultura y Pesca, Fernando Mattos, describió el acuerdo como “una plataforma que permite investigar y desarrollar las trayectorias tecnológicas necesarias para una estrategia que incorpora transversalmente a la agroecología como un aspecto relevante en las políticas agropecuarias de Uruguay”.

“De esa forma se profundiza un camino que el país ya está recorriendo tanto en la investigación como en aspectos como la ley de uso y manejo de suelos, y la trazabilidad”, señaló Mattos.

“De esa forma se profundiza un camino que el país ya está recorriendo tanto en la investigación como en aspectos como la ley de uso y manejo de suelos, y la trazabilidad”, señaló Mattos

Los impactos del clima, que aumentan tanto en frecuencia como en intensidad debido al cambio climático, se han convertido en una amenaza adicional para la economía uruguaya.

Hacer frente a este escenario, tomar decisiones ante eventos extremos y manejar con eficacia los riesgos, es clave para los productores rurales y para quienes toman decisiones sobre el sector.

Con este financiamiento, se crearán nuevos sistemas para promover la trazabilidad agrícola, el correcto manejo de los suelos, la gestión y seguimiento de productos químicos, y el análisis de riesgos climáticos, al tiempo que se reforzarán las plataformas digitales existentes.

“Los mercados son cada vez más sofisticados y exigen alimentos producidos de manera sostenible y responsable. Este proyecto es una nueva oportunidad para que Uruguay siga profesionalizando los procesos, incorporando tecnologías y generando capacidades que le permitan ser reconocido como país agro-inteligente y competir a la altura de los líderes mundiales”, afirmó Jordan Schwartz, director Banco Mundial para Argentina, Paraguay y Uruguay.

“Este proyecto es una nueva oportunidad para que Uruguay siga profesionalizando los procesos, incorporando tecnologías y generando capacidades que le permitan ser reconocido como país agro-inteligente y competir a la altura de los líderes mundiales”

En cuanto a la transición hacia un sistema de producción agroecológico, se promoverá la producción sustentable de alimentos, asegurando que los productos uruguayos obtengan un reconocimiento nacional e internacional por su proceso de producción amigable con el medio ambiente.

Específicamente, las tecnologías a promover abarcan la gestión de efluentes –para mejorar la calidad del agua de la cuenca del río Santa Lucía, que abastece a más del 60% de la población de Uruguay-, mejoras en las rotaciones de cultivos y pasturas, el uso de biofertilizantes, biopesticidas y la incorporación de la trazabilidad de agroquímicos, entre otras.

El proyecto “Sistemas agroecológicos y resilientes al clima en Uruguay” beneficia en forma directa a 17.400 personas, de las cuales el 40 por ciento serán mujeres. Actualmente, las mujeres representan solo 28% del total de usuarios de los sistemas de información existentes. Para fomentar su participación, el proyecto brindará tabletas, asistencia técnica y conocimientos a unas 2.000 mujeres rurales, mejorando su alfabetización digital y la calidad de su producción.

Para fomentar su participación, el proyecto brindará tabletas, asistencia técnica y conocimientos a unas 2.000 mujeres rurales, mejorando su alfabetización digital y la calidad de su producción.

El préstamo es de margen variable, reembolsable en 14 años y tiene un periodo de gracia de 5 años.

EL BANCO MUNDIAL Y EL SECTOR AGRO EN URUGUAY

La cooperación del Banco Mundial con Uruguay en el sector agropecuario comenzó en 1949. Esta colaboración se ha caracterizado por iniciativas de alta relevancia e innovación (en algunos casos pioneras, como la trazabilidad vacuna), y con un marcado foco en el productor uruguayo, ya sea en forma directa a través de incentivos técnicos y financieros, o indirecta a través del fortalecimiento del MGAP en el desarrollo de sus políticas e instrumentos sectoriales.

Los programas de trabajo han contribuido a temas como la trazabilidad individual, vulnerabilidad a déficit hídricos, reciclado de envases de agroquímicos, adaptación a variabilidad climática, integración de biodiversidad en sistemas productivos, mejoramiento de campo natural, exportación de productos no tradicionales, monitoreo de equipos de aplicación de agroquímicos, planes de uso y manejo de suelos, promoción de monte nativo, manejo de efluentes de tambos, análisis de la calidad de acuíferos, entre otros.

Algunas de estas experiencias desarrolladas junto con Uruguay permitieron apoyar a otros países que enfrentaban desafíos similares en agricultura y cambio climático a través de Cooperación Sur-Sur.

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