El vicepresidente de la Mesa Tecnológica de Oleaginosos, Ing. Agr. Germán Bremermann, destacó el aporte de la colza a la rentabilidad y la estabilidad del sistema agrícola. Tras una zafra de soja golpeada por la sequía, las primeras estimaciones apuntan a una recuperación de la superficie para la próxima campaña.

La soja podría recuperar terreno y alcanzar entre 1,3 millones y 1,32 millones de hectáreas en la próxima campaña, mientras la colza se consolida como una pieza importante de la agricultura uruguaya, con una superficie estimada entre 380.000 y 400.000 hectáreas y perspectivas de buenos rendimientos. Así lo señaló Germán Bremermann, vicepresidente de la Mesa Tecnológica de Oleaginosos, en entrevista con Agronegocios Sarandí.

El ingeniero agrónomo compartió las principales conclusiones de la 15ª jornada técnica anual de la institución, en la que se presentaron los resultados del 13er Observatorio de Oleaginosos. Destacó que la información aportada por productores y técnicos permite evaluar las campañas, identificar limitantes y orientar decisiones comerciales y de manejo.

Para la próxima campaña, las estimaciones difundidas en la jornada apuntan a una superficie de soja de entre 1,3 millones y 1,32 millones de hectáreas, frente a aproximadamente 1,05 millones en la zafra anterior.

Bremermann aclaró que se trata de una intención de siembra cuya concreción dependerá del clima y de la posibilidad de cumplir con las fechas previstas. En particular, destacó la importancia de implantar las sojas de segunda dentro de un período que permita aspirar a buenos rendimientos.

En el plano comercial, describió un escenario de incertidumbre y volatilidad. Ante esas oscilaciones, señaló que los productores suelen aprovechar las oportunidades para fijar precios mediante ventas físicas u otras herramientas de cobertura, con el objetivo de asegurar pisos de ingreso.

La colza gana protagonismo

En ese proceso, Bremermann resaltó el papel de la colza, que, de acuerdo con las estimaciones presentadas, se posiciona este año como el cultivo de invierno de mayor superficie en Uruguay.

Su aporte combina aspectos productivos y económicos: diversifica las rotaciones, facilita el manejo de malezas y enfermedades, distribuye actividad a lo largo de la cadena y permite intensificar el uso del suelo.

“Viene realmente a ayudar a la estabilidad del modelo de negocio de agricultura de Uruguay”, afirmó.

El crecimiento del cultivo estuvo acompañado por un aprendizaje en genética, fertilización, implantación y cosecha. Si bien los rendimientos nacionales se mantuvieron relativamente estables durante los últimos cuatro años, en torno a 1.700 y 1.750 kilos por hectárea, el técnico considera que esta campaña podría mostrar una mejora.

La colza “viene realmente a ayudar a la estabilidad del modelo de negocio de agricultura de Uruguay”

Entre los productores que dominan el manejo y aplican tecnología, señaló que hay expectativas de superar los 2.000 kilos por hectárea y, en algunos casos, acercarse a promedios de 2.500 kilos.

De todos modos, diferenció esos resultados potenciales del promedio nacional, que también recoge situaciones de menor inversión tecnológica y cultivos implantados en ambientes menos favorables. Además, advirtió que la concreción de esas expectativas dependerá de las condiciones durante la cosecha.

Rentabilidad y una ventaja para la soja de segunda

Bremermann sostuvo que la colza ofrece márgenes atractivos con los precios e insumos considerados en el análisis, incluso tomando como referencia los rendimientos medios de los últimos años.

Explicó que en las evaluaciones económicas de los cultivos de invierno se suele asignar una parte del arrendamiento —mencionó al menos un 40%—, lo que permite distribuir ese costo con el cultivo de verano.

A ese resultado se suma una ventaja para la rotación: la cosecha temprana de la colza permite implantar soja de segunda en fechas favorables.

Según indicó, el avance de la cosecha, entre fines de octubre y comienzos de noviembre, puede habilitar siembras de soja en un período cercano al óptimo, con efectos positivos sobre su potencial productivo.

Distinto momento para carinata, camelina y girasol

El panorama es menos firme para otras oleaginosas. En carinata, Bremermann indicó que el área cayó con fuerza luego de la expansión del año anterior. Consideró necesario seguir mejorando el conocimiento sobre manejo y adaptación, además de consolidar los mercados compradores.

La camelina se encuentra en una etapa más incipiente, con experiencias de nicho y desarrollos puntuales para evaluar su adaptación a las condiciones de producción uruguayas.

En girasol, la información disponible no permitió extraer conclusiones durante la jornada. El técnico señaló que su presencia sigue vinculada a demandas locales y que no visualiza un aumento importante de superficie en esta campaña.

El encuentro también abordó las certificaciones y la sostenibilidad. ALUR presentó experiencias orientadas especialmente al mercado europeo y trabajos de medición de la huella de carbono. Bremermann consideró que son procesos todavía en desarrollo, en los que será necesario seguir generando información y evaluar cómo evolucionan las oportunidades comerciales.

Balance de la zafra 2025-2026

El balance de la anterior zafra de soja estuvo marcado por la sequía. Según los datos, la producción pasó de casi 4 millones de toneladas en la zafra 2024-2025 a unos 2,1 millones en 2025-2026, con un rendimiento nacional que se ubicó entre los tres más bajos de los últimos 10 años.

La caída tuvo consecuencias que excedieron a las empresas agrícolas. El entrevistado subrayó el impacto sobre toda la cadena y sobre la actividad económica del país, aunque también destacó que los avances tecnológicos y de manejo contribuyen a dar mayor estabilidad a la producción frente a la variabilidad climática.