Luego de dos décadas en las cuales se reinstalaron los derechos de exportación, en el vecino país le pusieron números al costo de una medida que tomó el entonces ministro de Economía, Jorge Remes Lenicov, bajo la presidencia de Eduardo Duhalde, anunciándola como “transitoria”, y que tuvieron como objetivo los complejos de soja, maíz y trigo.
Se asegura que durante estos 20 años fueron recaudados, por tal imposición, más de 100 mil millones de dólares, estableció un informe de la periodista Gabriela Origlia publicado en el diario La Nación. Sin embargo el trabajo de la profesional señala que, “en términos reales -teniendo en cuenta el efecto de la inflación de Estados Unidos- son unos U$S 112.000 millones de hoy. Los datos derivan de un estudio de la Bolsa de Cereales de Córdoba. Si el cálculo se extiende a todos los bienes y servicios, para el Ieral, de la Fundación Mediterránea, son U$S 47.000 millones, de los que el 80% los aportó el complejo agroindustrial. El campo puso el equivale casi a tres veces el préstamo de U$S 45.000 millones que el FMI le dio a la Argentina”, dice el trabajo periodístico.
“Si el cálculo se extiende a todos los bienes y servicios, para el Ieral, de la Fundación Mediterránea, son U$S 147.000 millones, de los que el 80% los aportó el complejo agroindustrial”
El informe recogió la palabra de varios economistas sobre el asunto.
Por ejemplo Gonzalo Augusto, economista de la Bolsa, enfatizó que “la Argentina es uno de los “pocos” países en el mundo que apela a los derechos de retención con el argumento, la mayoría de las veces, de controlar los precios internos de las materias primas gravadas”. Sin embargo, explicó que al analizar la recaudación que generaron y el efecto sobre los precios “no sirvieron para contenerlos, pero sí son una fuente de ingresos importante de los últimos 20 años”.
“Afectan el precio que recibe el productor en el mercado interno. No son una retención como se los llama vulgarmente, porque eso implicaría una devolución. También alteran las decisiones de siembra en función de cuánto pesan sobre los distintos productos”, indicó.
“No son una retención como se los llama vulgarmente, porque eso implicaría una devolución. También alteran las decisiones de siembra en función de cuánto pesan sobre los distintos productos”
Otro punto de vista brindó, desde la Fundación Agropecuaria para el Desarrollo de Argentina (Fada), el economista David Miazzo, quien subrayó que los U$S 112.000 millones de recaudación son, “básicamente” recursos que “no se reinvirtieron” para la producción.
“Gran parte hubieran ido a desarrollar nuevas áreas productivas, mejores semillas, más fertilizantes, mejorar los sistemas de riego para encarar proyectos agroindustriales o hacer más ganadería”, expresó.
A su criterio, sin esas inversiones se produce menos de lo que se podría, no solo en materia de granos, sino que también se podría haber desarrollado más ganadería e incluso granjas porcinas. “Los productores tendrían más capital en su mano y querrían invertir para producir más y agregar valor, lo que se traduciría en más empleo y exportaciones”, advirtió.
Miazzo calificó al impuesto de “sanción” a la producción que va en contra de nuevos emprendimientos. “Hoy tenemos menos producción, menos empleo y menos exportación de lo que podríamos haber tenido. Achata todo; va pasando el tiempo y se avanza muy despacio. Son millones de dólares que se le sacaron al interior productivo del país; es potencial de desarrollo y crecimiento económico que se le quitó”, indicó.
“Hoy tenemos menos producción, menos empleo y menos exportación de lo que podríamos haber tenido. Achata todo; va pasando el tiempo y se avanza muy despacio”
“Lamentablemente el impuesto hoy está más vivo que nunca -dijo Juan Manuel Garzón, economista del Ieral-. En el primer trimestre representó 9% del total de la recaudación total; entre 2002 y 2021 en ese período era en promedio 7%. Hoy es más alta la participación y eso hace más difícil pensar en su eliminación”.
Precisó que los derechos de exportación equivalen, en promedio, a 40% de Ganancias y 30% de IVA, los dos impuestos más importantes en todos los países y eso se vincula con el “alto nivel de alícuotas sobre varios bienes y sobre productos importantes en las exportaciones”.
Sostuvo que la suba de precios internacionales “enmascaran” en determinados ciclos el impacto nocivo del impuesto, pero “cuando baja la marea queda transparentado que es muy malo, que quita incentivos”.
“la suba de precios internacionales “enmascaran” en determinados ciclos el impacto nocivo del impuesto, pero “cuando baja la marea queda transparentado que es muy malo, que quita incentivos”
Finalmente, el informe señala que en la revista Seúl, Iván Ordoñez, economista especializado en agronegocios, se refirió a los derechos de exportación. “Las retenciones a las exportaciones no son un accidente, fue la forma en la que se eligió salir de la crisis del 2001 y todos los gobiernos reafirmaron, hasta el de Macri, que intentó eliminarlas”, afirmó.
“Las retenciones presentan hoy un doble desafío: el volumen de recursos que le sustraen al sector privado y la forma en la que se lo sustraen. Para disminuir esa presión es imperativo que se reduzca el gasto: el volumen de recursos que las retenciones sustraen sólo puede disminuirse si el gasto disminuye. Gran parte de lo que podría llamarse la expansión de gasto de Cristina Fernández debería poder reducirse”, agregó.
Ordoñez remarcó: “La discusión sobre las retenciones es, en el fondo, una discusión sobre el Estado que estas posibilitaron durante estos 20 años: un gigante que se hizo adicto a ellas”.







