La medida genera expectativas de alivio en los precios de los insumos, que subieron 40% en pocas semanas.

Tras meses de restricciones que sacudieron al mercado global de insumos agrícolas, China está dando señales de flexibilización en sus políticas de exportación de fertilizantes.

La información, difundida por Canal Rural de Brasil, llega en un contexto de alta tensión. Desde mediados de marzo Pekín había prohibido las exportaciones de mezclas de fertilizantes de nitrógeno y potasio, así como de ciertas variedades de fosfatos, golpeando de lleno al sector agrícola de Sudamérica, Asia y el resto del mundo.

El origen de la crisis

El desencadenante fue la guerra en Oriente Medio y sus efectos sobre las rutas comerciales globales. Los envíos a través del estrecho de Ormuz, bloqueado por el conflicto, representan cerca de un tercio del suministro marítimo de fertilizantes. Ante esa interrupción abrupta, el gobierno chino decidió priorizar la seguridad alimentaria y proteger su mercado interno de las fluctuaciones de precios, cortando el flujo de exportaciones en el momento de mayor necesidad global.

Los precios internacionales de la urea aumentaron alrededor de 40% con respecto a los niveles previos a la guerra, y los futuros de la urea en China legaron cerca de su máximo en 10 meses

Sumadas a las prohibiciones y cuotas de exportación ya existentes para la urea, solo podían exportarse unos pocos fertilizantes —en particular el sulfato de amonio—, lo que significó que entre la mitad y las tres cuartas partes de las exportaciones chinas del año anterior quedaran restringidas, equivalente a hasta 40 millones de toneladas según cálculos de Reuters.

El efecto en los mercados fue inmediato. Los precios internacionales de la urea aumentaron alrededor de 40% con respecto a los niveles previos a la guerra, y los futuros de la urea en China se encontraron cerca de su máximo en 10 meses.

Un golpe directo a Brasil y la región

Para Sudamérica, y Brasil en particular, el impacto fue especialmente sensible. Brasil se había convertido en el principal destino de las exportaciones chinas de fertilizantes, con compras que alcanzaron los U$S 1.380 millones, y entre 2024 y 2025 fue el mercado de más rápido crecimiento, incrementando su demanda en U$S 400 millones.

El cierre de exportaciones interrumpió ese flujo en el peor momento, con la dependencia brasileña en su punto más alto.

Con fertilizantes que representan hasta el 20% del costo de producción en cultivos clave como soja y maíz, el freno exportador chino elevó la presión sobre los márgenes agrícolas.

El cierre de exportaciones interrumpió ese flujo en el peor momento, con la dependencia brasileña en su punto más alto

Argentina y otros países importadores netos de la región, como Uruguay y Paraguay, enfrentaron riesgos similares, con potenciales retrasos en siembras y necesidad de ajustar rotaciones de cultivos.

A fines de abril, en lugar de aliviar la situación, China intensificó los controles aduaneros para hacer cumplir las restricciones, y hasta el sulfato de amonio —que había quedado excluido de las prohibiciones de marzo— comenzó a estar sujeto a inspecciones.

El patrón histórico de China

La actitud de Pekín no sorprendió a los analistas del mercado. “Este patrón es constante: China restringe el suministro en lugar de acudir al rescate durante la escasez mundial”, afirmó Matthew Biggin, de BMI.

El país asiático es uno de los mayores exportadores de fertilizantes —el año pasado exportó por más de U$S 13.000 millones— y tiene un historial de control de los envíos para mantener los precios bajos para sus propios agricultores.

En una conferencia sobre fertilizantes celebrada en Shanghái en marzo, cinco agentes comerciales afirmaron que no esperaban que se levantaran las prohibiciones antes de agosto.

El país asiático es uno de los mayores exportadores de fertilizantes —el año pasado exportó por más de U$S 13.000 millones— y tiene un historial de control de los envíos para mantener los precios bajos para sus propios agricultores

“La mayoría de quienes siguen esto muy de cerca esperan que continúen prorrogando las prohibiciones de exportación”, señaló Caitlin Welsh, directora del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS, por su sigla en inglés), de Estados Unidos.

“China se muestra muy reacia a hacer cualquier cosa que pueda incrementar el precio de los cereales a nivel nacional, especialmente el de los feedlots”, agregó.

Lo que puede implicar la apertura

Si se confirma la flexibilización, el impacto en los precios podría ser significativo, pero gradual. El Banco Mundial proyectó para 2026 una caída del 5% en los precios de los fertilizantes, asumiendo que China continuaría cediendo en sus restricciones a las exportaciones. Sin embargo, esa proyección fue elaborada antes del recrudecimiento del conflicto en Oriente Medio y las restricciones de marzo, por lo que el margen de baja podría ser mayor si el abastecimiento chino se normaliza.

Para los productores agrícolas del Cono Sur, cualquier señal de aumento en la oferta global vendría a aliviar una situación de costos que ya es pesada.

En Uruguay, el sector agropecuario venía de absorber simultáneamente el alza del gasoil y los insumos importados en plena cosecha, lo que comprimió los márgenes de manera significativa.

Vale tener presente que las restricciones chinas no operan en el vacío. Desde mayo de 2026 China también suspendió las exportaciones de ácido sulfúrico —insumo clave para la fabricación de fertilizantes fosfatados— en un contexto donde la guerra en Medio Oriente ya había interrumpido el flujo de azufre a nivel global. Esto significa que una apertura parcial en algunos productos podría convivir con restricciones en otros eslabones de la misma cadena.

El mercado global de fertilizantes seguirá atento a las señales que emita Pekín en las próximas semanas, una vez finalizada la siembra de primavera en China, que históricamente marca el punto de inflexión entre el período de acumulación interna y el de exportación.