Los cambios de gobiernos en ambos países y el anuncio del aumento de las retenciones en Argentina, aumentó el interés de los inversores del país vecino.

“No puedo precisar si mis primeros recuerdos se remontan a la orilla oriental u occidental del turbio y lento Río de la Plata”. Con esa frase, Jorge Luis Borges, reflejó en su Autobiografía el destino simbiótico de dos países que se confunden en uno solo.

Sin embargo, más allá de los borrosos recuerdos de la infancia del genial escritor, las diferencias entre la Argentina y Uruguay son cada vez más notorias. Las pruebas están a la vista. Es por eso que un número considerable de argentinos estén pensado en saltar el “charco” en busca de mejores horizontes.

Al crecimiento de los pedidos de radicación y la mayor demanda de inmuebles en Montevideo, se suma ahora el aumento de las consultas para la adquisición de campos.

Si algo faltaba para convencer a los indecisos, el anunciado incremento de las retenciones será seguramente el empujón final. Según la Asociación Rural de Uruguay (ARU), en los últimos meses se incrementaron 50% las consultas por parte de argentinos para la compra de tierras productivas, especialmente, para la explotación ganadera y la producción de soja.

“Desde que se confirmó el cambio de gobierno en Argentina, lo que implicaba un giro en la orientación política, crecieron las consultas de inversores agropecuarios para radicarse en Uruguay. Algunas se están concretando” señaló Gabriel Capurro, titular de la entidad que agrupa a los productores de ese país.

Al crecimiento de los pedidos de radicación y la mayor demanda de inmuebles en Montevideo, se suma ahora el aumento de las consultas para la adquisición de campos

Son dos, principalmente, los motivos que explican este fenómeno. Por un lado, argentinos que deciden escapar a la alta presión impositiva y buscan tributar en un país con menor voracidad fiscal. Por otro, el atractivo de operar en una economía más estable y previsible que, además, ve con buenos ojos a quienes invierten y ganan dinero.

Si bien estos argumentos ya eran fuertes, las últimas medidas del gobierno argentino y el regreso al poder del Partido Nacional, de la mano de Luis Lacalle Pou, los hicieron más fuertes.

“Hay una expectativa favorable de una mayor libertad económica, crecimiento de empleo y reducción del déficit fiscal a través de la baja del gasto y no de la suba de impuestos. Esto hará que seamos más competitivos” señaló Capurro.

Si algo faltaba, es la decisión del nuevo presidente de alentar la inversión de extranjeros en el sector al impulsar una ley que introduce cambios en lo que refiere a la tenencia de inmuebles rurales que podrían permitir -entre otras cosas- que inversores extranjeros puedan comprar campos con mayor facilidad.

El anteproyecto en cuestión propone que los titulares del derecho de propiedad sobre inmuebles rurales así como las explotaciones agropecuarias, puedan ser personas jurídicas además de físicas.

Según el empresario, los campos más codiciados por los argentinos están en la región del litoral uruguayo, cercana al puerto de Nueva Palmira. Allí una hectárea de campo productivo puede valer unos U$S 8.000. En zonas menos atractivas se pueden conseguir por menos de la mitad. En tanto, en la zona núcleo argentina puede costar U$S 15.000.

SEGÚN LA ARU, EN LOS ÚLTIMOS MESES SE INCREMENTARON 50% LAS CONSULTAS POR PARTE DE ARGENTINOS PARA LA COMPRA DE TIERRAS PRODUCTIVAS, ESPECIALMENTE, PARA LA EXPLOTACIÓN GANADERA Y LA PRODUCCIÓN DE SOJA.

En ambos casos, el rendimiento promedio es similar, de unas 4,5 toneladas por hectárea en un buen año. El momento para la compra de tierras en el país vecino es, además, auspicioso ya que, después de un pico en los precios, en el último año registran una retracción del 10%.

Aparte de valores más bajos de los campos, el mayor beneficio pasa por la rentabilidad. En la Argentina, la suba a 33% de las retenciones obliga a replantear la ecuación económica. A esto se suma el desdoblamiento cambiario que hace que, sólo con estas dos variables, el productor pierda alrededor del 50% en dólares de lo facturado.

“Por cada U$S 100 que vendemos, con las retenciones nos quedan U$S 67. Al pasarlos a pesos al cambio oficial y después comprar dólares a $ 80, en la mano nos quedan U$S 50”, explicó un productor santafesino.

En Uruguay, la situación es diferente. No hay ningún tipo de impuesto a la exportación y existe un único valor de dólar. “El productor vende en dólares, sin ninguna retención, cobra en dólares y lo deposita en su cuenta en dólares o se los lleva. Lo único que tiene que hacer es pagar los impuestos como todo el mundo” explicó el titular de la ARU.

Claro que no es tan fácil para los productores argentinos que decidan migrar al otro lado del Río de la Plata. El inconveniente mayor es cómo mover sus dólares por el “cepo” en caso de vender sus campos en la Argentina.

La ventaja la tienen quienes cuentan con dólares en el “colchón”, que pueden operar directamente en Uruguay, porque tienen ya sus ahorros en algún banco oriental o lo transfieren desde otros países.

Fuente: Granar en base a Ámbito Financiero (Horacio Alonso).

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